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Todos en algún momento del día o al menos de la semana tenemos el siguiente pensamiento: «quisiera no tener nada paracer» o la variante más sincera: «no quiero hacer nada». Es que las ansias de relax nos toman por completo más seguido de lo que nos parece. Dicho esto, a nadie se le ocurriría imaginar que «no hacer nada» es una habilidad que se aprende.

Aunque suene sorprendente y contradictorio, a la mayoría nos cuesta mucho frenar siquiera unos minutos la lista interminable de acciones que realizamos en el día y descansar. Relajarnos de verdad, reducir el ritmo de los pensamientos y simplemente estar.

Lo cierto es que aprender a «no hacer» es una herramienta muy eficaz a la hora de afrontar los desafíos diarios que nos marca la cultura avasallante en la que vivimos. Por eso, hoy te contamos 5 razones que te ayudarán a decidirte a cultivar más tiempo en el que no hagas absolutamente nada.

1# «No hacer» en realidad nunca es «hacer nada»

Un ser humano nunca está haciendo nada. Todos hacemos cosas todo el tiempo. Incluso la persona más relajada está disfrutando del placer de la serenidad: se concentra en sus sentidos, observa su respiración, y se deleita con el paisaje —pero nunca está pasivo.

En realidad, la sociedad occidental en la que vivimos asocia «no hacer nada» con no hacer nada productivo. La pregunta que surge entonces es  «¿productivo para quién?». Por ejemplo, si usas gran parte de tu tiempo (y de tu vida) paratrabajar duro y así poder comprarte más cosas, en realidad el mayor beneficiado es quien te vende esas cosas. En este sentido, resulta necesario reflexionar ante las acciones que realizamos todo el tiempo para corroborar que la «utilidad»tenga de verdad que ver con un beneficio para nosotros.

2# Un exceso de actividades no es igual a más productividad

De generación en generación se ha pasado la creencia de que más esfuerzo equivale a una mayor efectividad. En este respecto, el experto en economía y psicología Manfred Kets de Vries afirma que «el trabajo duro muchas veces actúa como un mecanismo de defensa para evitar que nos enfrentemos a pensamientos y sentimientos perturbadores».

Es posible deducir entonces que el trabajo duro sería como un escudo o una barrera que nos construimos nosotros mismos para no afrontar las angustias y las insatisfacciones propias. Cuando «dejamos de hacer» es que se descubre esa capa y tenemos acceso a esa oscuridad. Trabajarla y resolverla resultará un acto, fundamentalmente, liberador.

3# El cerebro funciona mejor con el tiempo en off

Desde la revolución industrial en el siglo XVIII, los humanos hemos tratado a los demás y a nosotros mismos como máquinas. Aún reside en la base de nuestro pensamiento esta creencia de que si forzamos nuestro cuerpo y nuestra mente de seguro podremos hacer más y alcanzaremos entonces más logros y (por qué no) mayores ganancias.

Sin embargo, la neurociencia ha demostrado que el cerebro precisa un tiempo para procesar la información y que no funciona a los empujones. Necesita de ese tiempo para consolidar la memoria y para absorber el conocimiento que ingresa a cada minuto. Entonces, si no nos tomamos estos momentos para «no hacer nada» el cerebro no tiene las herramientas suficientes para realmente hacer su trabajo de forma adecuada.

4# El descanso y el aburrimiento estimulan la creatividad

Persona relajandose en el mar

Grandes literatos a lo largo de la historia han compartido con el mundo la importancia de la caminata en sus vidas. Y no es de extrañar: varios estudios han demostrado cuán necesario resulta para el cerebro humano un tiempo de descanso y de aburrimiento.

Uno de ellos es el que llevó adelante el psicólogo inglés Graham Wallas en 1926. Lo llamó la «fase de incubación» para mostrar que cuando dejamos de enfocarnos en una actividad específica le estamos dando un permiso al inconsciente para que trabaje. ¿El resultado? Mayor concentración y más creatividad o una puerta abierta hacia ideas nuevas y originales.

5# Te concentras con mayor facilidad

como hacer pintura en casa

Si eres de esas personas que «precisan» estar haciendo algo todo el tiempo, al principio puede que te resulte difícil «no hacer nada». La sociedad en la que vivimos va a buscar por todos los medios generar estímulos de todo tipo para que estés constantemente «haciendo algo». Todos somos víctimas y cómplices de la lucha por la atención de nuestros clientes, nuestro vecino, nuestra pareja. Sin embargo, cuando aprendas a realizarlo verás los beneficios de ser quien realmente conduzca tu mente y tu intención. Solo hace falta un poco de práctica.

Desde Buda a John Keats, muchos de los grandes maestros, artistas y visionarios de la humanidad han demostrado que «siempre estar haciendo algo» puede transformarse en una compulsión. Es decir, muchas personas «tienen» que sí o sí estar haciendo algo todo el tiempo porque de lo contrario sienten que «algo» les falta o que si no lo hacen no van a llegar a tiempo. Pero las razones presentadas hoy explican la importancia de destinar un tiempo (lo más que podamos) para no estar haciendo nada.

 

Fuente: vix

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